Sexualidad y celibato Nancy Escalante

Al hablar de sexualidad humana no podemos referirnos únicamente a la genitalidad, ya que la sexualidad impregna la totalidad de la persona humana. Es por está razón que la sexualidad en la persona célibe va de la mano con su vida y desarrollo espiritual.

Por principio la persona célibe es un ser sexuado, es decir, es hombre o mujer aspecto que impregna toda su vida, su nacimiento, su historia, relaciones personales, experiencias, etc. Este aspecto implica cuerpo, mente, espíritu y corazón, dando lugar a una forma femenina o masculina de relacionarse, comunicarse, intimar consigo mismo y con los demás, etc.

La persona que opta por el celibato no puede dejar de lado el aspecto trascendente de la sexualidad que ha sido creado y dado al hombre como Don maravilloso, que es la fuerza que nos lleva amar, la manera de ser, actuar, de comunicarse, encontrarse con uno mismo, con Dios y con los demás.

La correlación existente entre sexualidad y espiritualidad es el AMOR que crea e impulsa a generar y dar. Es así como también podemos hablar de la sexualidad como esa energía, ese impulso interno y de vida que conduce a la persona a experimentar la integración de su ser generando una sana afectividad reflejada en la felicidad, en la totalidad, en la entrega y en el encuentro íntimo con Dios y consigo mismo.

De esta manera es como podemos comprender que la persona célibe no renuncia a su sexualidad, ni mucho menos a AMAR, por el contrario, renuncia a la relación de genitalidad o coital, a toda relación de exclusividad, para así utilizar toda su energía afectiva y sexual en el amor, la dedicación, la entrega y la donación, lo que repercute directa y totalmente en la vida espiritual.


Bibliografía
Cencini,A.(1996). Por amor, con amor, en el amor. Libertad y madurez afectiva en el celibato consagrado. Madrid. Atenas.
Puerto,C. Sexualidad Célibe, un camino de espiritualidad. Madrid.