| ¿Las relaciones sexuales son malas en sí mismas? Diana García
Las tendencias y las pulsiones instintivas no son malas. Lo malo es separarlas del espíritu y desconectarlas de los valores que les dan su alcance y sentido.
Enseñar que cada uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo y de los fenómenos que en él acontecen, es encerrar al hombre en sí mismo. Es imposibilitarlo a vivir un proceso de formación para el amor que le dé la libertad interior suficiente para saber jerarquizar los valores y conceder la primacía a los más elevados.
Cuando los novios optan y caen en las relaciones prematrimoniales, están realizando un gesto engañoso y sin sentido. La relación de los novios se verá afectada por este inicio desacertado, que suele llevar a la desilusión y a la ceguera frente a los valores en torno a los cuales se construye el amor. Estas experiencias ciegas conducen a los novios a no ver los caminos a través de los cuales la sexualidad se integra al dinamismo del amor, llamando al compromiso matrimonial.
Las relaciones prematrimoniales hacen al hombre y a la mujer más egoístas; los centra en sí mismos los obsesiona con los impulsos sexuales. Los desorienta y deprime.
El gesto sexual no debe ser un gesto para el yo de cada uno, sino para el nosotros de la pareja y para la comunidad familiar y social en la cual todo hombre nace a la vida y debe florecer en el amor. O sea, debe ser verdadero en todas sus dimensiones. Este gesto de verdad sólo es tal cual cuando reúne las condiciones de compromiso total y definitivo en el matrimonio.
Por eso dice la Iglesia que fuera del matrimonio: “por firme que sea el propósito de quienes se comprometen en estas relaciones prematuras, es indudable que tales relaciones no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones”. No es suficiente el sentimiento o el deseo, ni la atracción y la pasión, ni aún la decisión parcial de la pareja.
Fuera del compromiso matrimonial las relaciones sexuales son perturbadoras y desaconsejables porque ponen un signo que no corresponde a la verdad de las personas.
En el noviazgo, la exigencia de las relaciones prematrimoniales es ilegítima, es una equivocada práctica o un innoble chantaje.
La cultura dominante actual, trata de seducirnos con la fuerza poderosa y sutil de las imágenes y los impactos afectivos. Por eso hay que discernir el bien y el mal en los niveles más profundos de la afectividad para no ser manipulados y arrastrados por el libertinaje. Distinguir entre los buenos y los malos espíritus. El hedonismo, la búsqueda de placeres inmediatos y el subjetivismo moral, crean una confusión desintegradora de la conciencia, especialmente entre los jóvenes.
Referencia: Sagrada Congregación para la doctrina de la Fe. “Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual”. Roma. 1975.
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