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Se remonta quizá al siglo IV el inicio de la historia del noble Julián, su historia nos recuerda la leyenda de san Eustaquio: el joven a la caza de un ciervo que fue cuestionado por el animal: ¿Cómo osas perseguirme, tú, que has matado a tus padres? Tras este encuentro, Julián, temeroso de que tal profecía se cumpliese, huyó lo más lejos posible de sus padres. Contrajo matrimonio y vivía felizmente junto a su esposa cuando un día, mientras estaba ausente de su casa, se presentaron dos peregrinos. Le dijeron a la esposa que eran los padres de Julián y desde hacía años buscaban a su hijo; la mujer les hospedó y les ofreció la cama donde dormía con Julián. Cuando él regresó, encontró a un hombre y a una mujer en su lecho y los mató creyendo que su esposa dormía con un amante; solo después del delito descubrió que había matado a sus padres. Para expiar el horrible crimen Julián dedicó su vida, con la ayuda de su esposa, a asistir a los peregrinos. Pasados unos años, una noche ayudó a un leproso: era Jesús, que había perdonado su pecado. |
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