Para poder ganar hay que saber perder Estela Gaytán

Todas las personas en el transcurso de nuestra existencia enfrentamos situaciones y circunstancias muy diversas, la mayoría de éstas podríamos clasificarlas en alegrías y tristezas. Si somos conscientes de nuestra existencia, no podemos dejar de reconocer que en este caminar, los momentos de felicidad son menos difíciles de enfrentar, mientras que los momentos de dolor, de pérdidas y de sufrimiento ponen a prueba nuestra entereza y fortaleza. Para salir bien librado de estas experiencias, es importante recurrir a los recursos de nuestro espíritu y darle sentido a nuestro sufrimiento. Ante la muerte de un ser querido, ante una enfermedad grave, ante la pérdida de nuestra estabilidad económica nos es imposible encontrar el por qué, por eso es necesario buscar el para qué, encontrar un sentido a esa situación particular que, si bien no elegimos, nos ha tocado vivir.

La vida está incondicionalmente llena de sentido, ganar y perder tiene un sentido; toda situación nos depara un deber cuya realización puede proporcionarnos por lo menos un atisbo de alegría.

Todo lo que la vida nos brinda es transitorio, ni las alegrías ni el sufrimiento son permanentes; ante esta realidad cambiante, todos sin excepción tenemos la capacidad de encontrar un sentido. Gracias a esta capacidad humana, podemos superar las pérdidas y los beneficios de la vida sin que nos afecten demasiado, y no sólo cuando éstos estén relacionados con nuestras experiencias pasadas, sino que también nos permite enfrentar con mayor libertad nuestro presente.

El sentido es algo personal, no puede ser impuesto por nada ni por nadie, cada persona tiene que descubrirlo y puede modificarse o actualizarse.

Para estar perceptivo al sentido es necesario reforzar la flexibilidad en tiempos de pérdidas, es decir, ser capaz de dejar marchar lo perdido para aceptar y dar forma a las nuevas posibilidades de sentido.

No olvidemos que una pérdida se produce cuando hemos dejado de tener algo valioso. Quien pierde una persona, llora por alguien que ha amado. Quien pierde un trabajo, llora por un oficio que ha amado y que le proporcionaba seguridad, etc. Sin amor, no hay pérdidas. Para avanzar, hay que abandonar lo perdido y abrirse a nuevas posibilidades, para renovarse, hay que despedirse de aquello que amamos y que hemos perdido, sólo así podremos encontrar el sentido, poder amar y ganar ante lo nuevo que la vida nos presenta.

Bibliografía

Lucas, Elisabeth. (2006). Ganar y Perder. Barcelona: Paidós.