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Santa Natalia de Córdoba nació en esta ciudad alrededor del 825, en plena dominación musulmana. Reinaba entonces el emir Abderramán II, mismo que desató una persecución contra los cristianos. Fue el caso de Natalia, que nació de padres mahometanos. Su padre falleció cuando ella era muy pequeña, la madre se casó en segundas nupcias con un cristiano, que logró convertirla. Natalia fue educada cristianamente y casada con Aurelio, un muchacho con profundas convicciones cristianas (de madre cristiana y padre mahometano pero educado por una tía cristiana) pero en la clandestinidad, para evitar las persecuciones. Ambos, habiendo asistido al martirio de Juan, creyeron los esposos que tenían que ser más valientes y practicar su religión en público para animar a los demás cristianos, evitando así que se pasaran al islamismo, la religión oficial en aquel momento y lugar. Pronto les tocó a ellos el turno del martirio. Fueron prendidos por los ministros del gobernador y conducidos a prisión. Allí intentaron por todos los medios, jueces y verdugos, que renegasen de su fe. Pero ni las promesas ni las torturas pudieron con ellos. Fueron degollados el 27 de julio del 852. Sus cuerpos fueron sepultados y venerados por los cristianos; pero estando muy poco seguros en Córdoba, Carlos el Calvo se ocupó de trasladar seis años más tarde (852) a San Germán (París) el cuerpo de san Aurelio y la cabeza de santa Natalia. |
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