A través de la vida de esta santa nos remontamos a los orígenes de la vida religiosa femenina. Fue la hermana mayor de diez hijos, después de la muerte de su padre, se consagró con voto de virginidad a Dios y ayudó mucho a su madre en la educación de sus hermanos.
Macrina persuadió a su madre de fundar dos monasterios, uno para hombres y otro para mujeres, ya que en ese entonces no había conventos, la vida virginal se realizaba en las propias casas y fue ahí que decidió realizar su proyecto.
También convenció a su madre para que abandonase la vida que hasta ese momento llevaba, pues ella le ofrecía un maravilloso ejemplo, mostrándole la dirección hacia el mismo ideal, atrayéndola poco a poco hacia una vida pura y desprendida de todo.
Santa Macrina escribió las reglas para las monjas con admirable prudencia y piedad, estableció en aquel monasterio el amor y el espíritu de una pobreza increíble, de un desprendimiento completo del mundo, de humildad, oración ininterrumpida, contemplación y canto de Salmos.