El ofrecimiento de amor

Por: Claudia Elizabeth Orozco Galindo

Todo lo que hacemos en nuestra vida debe ser un ofrecimiento a nuestro Creador, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Él está ahí presente en todos los ámbitos de nuestra vida: en la escuela, la casa, la iglesia, el trabajo, con los amigos. ¡Qué forma más maravillosa de agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros! Hazte el firme propósito de entregarle a Él todo lo que te acontece, lo bueno y lo malo. Dale tus triunfos para gloriarlo y tus fracasos para prometerle que lucharás más fuerte por Él.

Ofrecemos a Dios toda nuestra vida porque lo amamos tanto que no encontramos algo más valioso que ofrecerle; es como cuando estás buscando detallitos para regalar a tu novio (a). Así podemos decir que lo que nos impulsa a entregar todo lo que tenemos es el mismo amor. Si tu amas profundamente a tu novio (a), querrás entregarle todo lo que tienes, ofrecérselo todo por amor. Y eso son las relaciones sexuales, un ofrecimiento por amor. Las relaciones sexuales, como todo acto que hacemos en la vida, deben ser ofrecidas al Señor. Es un ofrecimiento mutuo entre los amantes y un ofrecimiento de los dos para el Maestro del Amor.

Dios así lo quiere y se regocija que lo hagamos; ¡es más! Nuestra unión le hace tan feliz que instituyó un Sacramento para nosotros solitos, para nuestra felicidad, para nuestra unión irrevocable: el Matrimonio. ¡Qué plan tan más idóneo el suyo! Ahora, a seguirlo con amor.

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