Por: Claudia Elizabeth Orozco Galindo
Las relaciones sexuales incluyen cuerpo Y alma. No sólo se trata de una unión física, sino también de una unión moral y espiritual. De aquí que una violación, no puede ser considerada como una relación sexual en su verdadero sentido. Por naturaleza, la relación sexual debe ser unitiva; es decir, debe unir a los amantes. Biológica y psicológicamente así es, estamos diseñados para complementarnos hombres y mujeres. Esta es otra prueba de que Dios quiere que tengamos relaciones sexuales, Él nos quiere juntos, fuertes, entrelazados, para que nuestro amor crezca en el suyo. Pero, si la relación sexual no une más a la pareja, hace lo contrario: la separa. Es un caso muy lamentable aquél de una pareja joven que tiene que vivir juntos pero separados toda la vida. Estoy hablando de aquellos jóvenes que ya no es que se quieran casar, sino que se tienen que casar porque ya viene una creaturita en el camino. No estoy diciendo que todos aquellos jóvenes que se casan en estas circunstancias serán desdichados en su matrimonio; sino que, si de por sí es difícil esta etapa, va a ser aún más complicado. Tampoco estoy diciendo que de toda relación sexual va a procearse un bebé. Aunque por naturaleza toda relación sexual es procreativa, puede haber ocasiones en que no se lleve a cabo la concepción; ya sea por razones biológicas / naturales o artificiales (anticonceptivos). Ahora bien, también existe el caso en que la pareja no se case; entonces la relación de noviazgo puede que continúe pero será cambiada drásticamente. Esto es en el mejor de los casos, porque si la pareja que tuvo relaciones sexuales ni si quiera está envuelta en una relación de noviazgo, cabe la posibilidad de que sean “amigos cariñosos”, o hasta desconocidos. Aquí también salta a la vista el problema de las enfermedades de transmisión sexual. Los temas de anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual serán tratados en otros apartados, por lo mientras aquí podemos decir que, sinceramente, estos ya no son obstáculos para las relaciones prematrimoniales. Aunque no basta “protegerse” con un condón o pastillas embusteras, ya que (hasta donde yo sé) no hay “condón para los sentimientos” o “pastillas para el corazón”. “La relación sexual nos deja indefensos física y emocionalmente. No hay más persona que ofrecer”. Es por eso que tal vez nos podamos proteger físicamente, pero ¿cómo nos protegemos emocional y psicológicamente? No se puede. Además, ¿qué pasaría si los novios que tuvieron relaciones sexuales terminan no casándose? ¿Se imaginan que la mujer (o el hombre) se casa con alguien más y en el momento de unión íntima con su ahora esposo (a) no hace más que acordarse o hasta “ver” a su ex - novio (a) con quien compartió este momento tan personal y especial? ¡Qué grandes problemas para el matrimonio! Sin mencionar el sentido de culpa que la (lo) abruma y la fuerza que necesitaría para decirle a su ahora esposo (a) lo que pasó en su pasado.
La vida, de por sí, está llena de problemas, ¡¿por qué complicárnosla más?! No es válido decir “no me pude controlar”, “ya no me aguanté”; porque los seres humanos somos capaces de pensar, decidir y hacer lo MEJOR para nosotros. Dios siempre nos pone “obstáculos” en el camino, que sirven para que crezcamos como personas, en nuestra relación de noviazgo, en nuestro camino de fe. Él no nos da NADA que no podamos “controlar”. Digamos que nuestra sexualidad es una liga, si la estamos estirando sin razón alguna, evidentemente llegará un momento en que el material no resista y se rompa. Si estamos metiéndonos en tentaciones sin razón alguna, nos debilitamos y cabe más la posibilidad de que “nos rompamos”, no aguantemos, no nos podamos controlar… ¿Qué necesidad hay de adelantarnos?
Tampoco podemos “echar la culpa” a nuestra pareja porque nos convenció; ni mucho menos a nuestros amigos o parientes; o a los medios de comunicación que nos atacan con el tema. Es muy cierto que el joven se siente (y con razón) embestidos por comerciales, películas, programas, noticias, canciones, “amigos” o inclusive parientes; pero al final, ¡La decisión está en nuestras manos! ¡Es nuestra vida de la que estamos hablando! ¡No podemos estar jugando con ella porque los demás así lo quieren! El joven católico debe de ver a los medios de comunicación con ojos críticos (no criticones) a la luz del Evangelio. Será difícil nadar contra corriente, no cabe duda, pero vale muchísimo la pena.
Ahora bien, ¿cómo es posible que alguien que “te ama” te obligue a hacer algo que va contra tus principios? El verdadero amor es paciente (1 Cor, 13:4), no coacciona. Coaccionar no es otra cosa que obligar, ya sea persuadiendo o a la fuerza. El que ama debe saber que el sexo no es lo mismo que el amor. Como sabemos, el sexo puede ser UNA forma de expresar el amor, pero no la única. El que obliga está cometiendo escándalo. “El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar” (CIC 2326). Efectivamente el tener relaciones sexuales es un pecado. Está claramente citado en el sexto mandamiento que aprendemos desde chiquitos en el catecismo. “No fornicarás” es lo mismo a “no tendrás relaciones sexuales fuera del matrimonio”, pero esto es igualito a decir “espérate tantito, que todavía no es tu momento”.
La Ley del Señor es perfecta (Salmos 18, 19). El quiere que nosotros seamos felices. Es por eso que Él nos cubre de locura llena de sabiduría. Locura porque PODEMOS renunciar al sexo prematrimonial por AMOR a Cristo; podemos ir contra corriente y tener las fuerzas necesarias para hacerlo porque estamos “agarrados” del Señor. Sabiduría porque PODEMOS dar testimonio con nuestra vida y noviazgo cristiano del Amor de Dios.
DOMINIAN, Jack; Hacer el amor; Sal Terrae; pág 144