Mi relación con Dios y con los demás

Por: Nancy Escalante

Para  lograr  una  relación íntima con Dios, lo principal es tener plena confianza en Él, la cual  no se logra  si no está  fundada  en el amor de un Dios bondadoso y misericordioso.

 

El  hecho de vivir una vida consagrada a Dios no necesariamente implica  que experimentemos una relación íntima y profunda con Dios. Es decir,  la confianza es el sentimiento principal para poder lograr una verdadera y profunda experiencia con Dios. Esta confianza de la que hablo es aquella  que  nos permite conocer a un Dios bondadoso y misericordioso que no sólo es capaz de conocer y entender nuestras necesidades, sino, que también puede saciar la más intensa ansiedad o sensación de vacío que podamos experimentar. En otras palabras esta confianza y experiencia de Dios es lo que a su vez nos permite vivir los dones de la Fe y Esperanza aún en la peor dificultad de la vida así como experimentar una verdadera relación íntima y profunda con Dios.

 

En este sentido, la confianza, el dejarse caer en los brazos de Dios no solo nos permite aceptar totalmente la bondad de Dios, sino que a su vez nos permite conocernos a nosotros mismos, nuestra capacidad innata de bondad, de generosidad y de amor hacia nosotros mismos  y  a los demás, lo que da como consecuencia una mejor relación con  todo aquel que este a nuestro alrededor.

 

De lo contrario, cuando tenemos la concepción de un Dios castigador, poco o nada misericordioso, no es posible confiar en Él, en nosotros mismos, ni mucho menos en los demás, por lo que lo más probable es que este sentimiento de inseguridad, de miedo y de soledad que produce la falta de confianza en Dios, no solo impida que experimentemos una verdadera y profunda intimidad con Él, sino que además nos lleva a experimentar el mundo externo como un mundo hostil y amenazante, lo que la mayoría de las veces lleva a la persona encerrarse en si mismo.

 

Esta actitud de omnipotencia es consecuencia de la falta de confianza en un Dios bondadoso y misericordioso. Esta es la razón por la cual la persona se encuentra tan centrada en si misma, que no es capaz de mirar a su alrededor con verdadera entrega y amor, ni mucho menos es posible que experimente un verdadero encuentro con Dios, lo que produce en la persona sensación de vacío, de insatisfacción, de frustración e incluso una sentimiento de recelo con Dios. Es a sí como concluimos  que para  lograr  una  relación íntima con Dios lo más importante es tener plena confianza en Él, la cual  no se logra  si no está fundada  en el amor de un Dios bondadoso  y misericordioso.

 

Bibliografía

Grupo EPSYMO, Experiencia de Dios y Psicoanálisis, Ed. Promexa, México: 1991

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