María era virgen, no sólo de cuerpo, sino también de espíritu, el pecado jamás consiguió alterar su pureza. Entre sus cualidades, las más destacadas eran: la humildad de corazón, la prudencia, la discreción, obediencia a Dios, con gran apego a la oración, afable con todos, en pocas palabras, amaba la virtud.
Ella es el modelo perfecto de virginidad, porque su vida en sí misma es un ejemplo para todos. Eligió libremente consagrar su virginidad a Dios cuando aún no sabía lo que debía concebir, aceptó ser madre a los quince años a pesar de la amenaza de muerte implícita por ser una candidata perfecta para que la apedrearan por el hecho de ser madre soltera. La virgen de Nazaret se consagró a Dios, porque sentía un llamado de Dios y había recibido al Espíritu Santo.
La elección del estado virginal, es una opción valiente, que se caracteriza por una unión muy particular a Cristo, mismo que poseía María, sólo por el simple hecho de haber sido la madre de Jesucristo.