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Expresiones de la oración
Mstra. Rosario Alfaro Martínez
Existen tres diferentes expresiones de oración: vocal, meditación y contemplación. Vamos a ver en que consiste cada una.
1.- ORACIÓN VOCAL Con este término nos referimos ha hablarle a Dios con nuestras palabras, esto quiere decir que es la oración en donde interviene el lenguaje verbal, es decir, que nuestras palabras puedan ser audibles para los demás, o bien, que utilicemos palabras en el silencio de nuestro corazón, aunque habitualmente es para que podamos escucharla. Jesús mismo nos enseñó este tipo de oración cuando enseñó a sus discípulos el Padre Nuestro. «Es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana, la oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquel a quien hablamos» (CIC 2704). Hay diferentes formas de ésta oración algunas de ellas son las siguientes:
- ALABANZA: «Es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término». (CIC 2639). La alabanza da lugar en nuestros corazones a que la voluntad de Dios se realice. (Salmo 103, 1).
- BENDICIÓN: «Es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice. El corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición» (CIC 2626). Así la bendición es bendecir a Dios por todas las bendiciones que recibimos de Él, es un acto que requiere de humildad y de un corazón agradecido, que está atento observando las cosas que Dios realiza para él.
- ADORACIÓN: En la antigüedad cuando alguien era emperador, rey o algo parecido obligaba a sus súbditos a arrodillarse o mejor dicho a postrarse ante él, este postramiento es la adoración. «Es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libra del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el Rey de la gloria y el silencio respetuoso en presencia de Dios siempre mayor. La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas». (CIC 2628). Dios es Él único ser que existe en todo el universo que en realidad es digno de adoración, ni siquiera la Virgen, ni los santos. En la Iglesia no llamamos adoración al culto que le damos a María sino Hiperdulía y a los santos tampoco los adoramos sino que los veneramos. (Salmo 29, 1-2).
- ACCIÓN DE GRACIAS: Si hay algo que le guste a Dios es que seamos agradecidos, y tenemos que darle gracias a Dios por todo (1 Tes 5, 18); bienes y males, en el libro de Job, él decía: “si agradecemos a Dios los bienes ¿por qué no agradecer también los males?” (Job 2,10).
- ENTREGA: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo...”. (Mt 6,10). Algo importante en la oración es que cuando estamos frente a Dios, Él va a pedir que pongamos nuestra vida en sus manos, así que lo que tenemos que ir haciendo en la oración es ir entregándole todas nuestras cosas, buenas y malas, esto es renovar el Señorío de Jesús en nuestra vida, siempre que oramos. (Fil 3, 8-12).
- BATALLA ESPIRITUAL O GUERRA ESPIRITUAL: Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos nos enseñan que la oración es un combate. Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con Dios. (Efesios 6, 12).
- PETICIÓN: Esta es la forma de orar más conocida por todos los cristianos. Se trata de decirle a Dios que es lo que nuestro corazón desea con la condición de que “si pedimos algo conforme a Su voluntad Él nos lo va a dar”. (1 Juan 5, 14). Además recordemos lo que dice Pablo: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia de Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos”. (Efesios 3, 20-21).
- INTERCESIÓN: Se parece mucho a la oración de petición nada más que aquí se trata de pedir por otros y no por usted. (1 Tim 2, 1).
- SANACIÓN: Santiago nos recomienda en su carta que oremos por los enfermos. La Iglesia tiene un sacramento especial para esto, pero cuando se trata de otro tipo de enfermedades para las que no se aplica el sacramento es importante orar por sanación, como las enfermedades emocionales, espirituales e incluso físicas. (Santiago 5, 16).
Todo esto puede ir acompañado de cantos, los judíos tienen un dicho que dice: “El que canta ora dos veces...” esto significa que cuando canto mi cuerpo y mi espíritu alaban a Dios y para los que quieren orar más el dicho continua diciendo: “... y el que baila ora tres”. 2.- MEDITACIÓN Es sobre todo una búsqueda. En donde el espíritu del hombre trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Generalmente se hace con la ayuda de un libro, de preferencia las Sagradas Escrituras o con algún libro espiritual. Esto es, se lee y se va profundizando poco a poco en lo que dice hasta que ese texto pasa a ser parte de nosotros. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana siempre ha querido que meditemos sobre todo en “los misterios de Cristo”. Como se hace en la Lectio Divina o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con Él. 3.- CONTEMPLACIÓN ¿Qué es esta oración? Santa Teresa responde: “No es otra cosa que oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”. La contemplación busca al “amado de mi alma”. Es la comunión más profunda que puede tener el hombre con Dios, por lo tanto es una gracia que Dios concede pero a la que todos los hombres estamos llamados a participar, sólo tenemos que disponernos para estar realmente con Él. En la contemplación, no hay ya palabras es ver a Dios y dejar que Dios te vea.
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