Remedio para las dificultades y tentaciones para orar
Mtra. Rosario Alfaro Martínez

La Humildad y la disposición de nuestro corazón, para hacer la voluntad de Dios, es sin duda el remedio más eficaz para las distracciones y para las tentaciones pues incluso el Enemigo ante un corazón humilde no puede luchar.

Un remedio eficaz para la sequedad y la aridez espiritual, consiste en suprimir las causas voluntarias, principalmente la tibieza y flojera espiritual en el servicio de Dios. Cuando es por razones involuntarias, lo mejor es resignarse a los designios de Dios por todo el tiempo que Él quiera; convencerse de que la devoción sensible no es esencial al verdadero amor de Dios, que basta querer amar a Dios para amarle; humillarse profundamente, reconociéndose indigno de toda consolación; perseverar a pesar de todo, en la oración.

Debemos recordar que la oración es una vocación, pero como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es una vocación Universal, es decir, todos estamos llamados a orar, el que nos llama es Dios, y Él es el primer interesado en que nosotros oremos.

Se dice que alguien le preguntó a Santa Juana de Arco porque Dios hablaba solamente con ella a lo cual respondió: "Señor usted está equivocado. Dios habla a todos. Hay que escucharlo”. Así que para poner remedios adecuados éste es el primero, vencer la soberbia de pensar que somos muy buenos porque oramos. Punto número uno: No oramos porque somos buenos, sino porque bueno es Dios. Un ejemplo de esto lo tenemos en la parábola del Fariseo y el Publicano. El Fariseo era el “bueno” y el publicano el “malo”, sin embargo, el primero no fue escuchado por soberbio y el segundo salió justificado. (Lucas, 18, 9-14).

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La oración cristiana