Hace algunos años

Por: Lic. Arturo G. Cárdenas Chagoya

Con el correr de los años, he aprendido que los seres humanos, sin importar género, raza, ni edad, navegamos entre infinidad de emociones y contradicciones.

Hay días en que nuestro interior brilla esplendorosamente y sentimos que podemos conquistar la gloria misma. Hay otros en que, sin importar los estímulos, la bruma de las insatisfacciones nubla, bloquea y paraliza nuestras intenciones de salir adelante.

Aprender a vivir estos cambios es al mismo tiempo un reto y una virtud. Todo es cuestión de enfoques y de actitudes.

Hace pocos años, cuando parecía volver a perder todo y me encontraba ante la encrucijada de huir y esconderme, enfrentar la posibilidad de ir a prisión, o suicidarme, aprendí que luchar contra las emociones resulta francamente inútil.

En medio de la crisis, agobiado por la indefinición, logré rescatar lo más valioso que una persona puede tener… la dignidad.

En vez de huir y guiarme más por el miedo que por la infalible terna de la razón espiritualmente emocional, me senté a escribir mis:

PASIONES DE AYER Y SIEMPRE

Hoy, como tantas veces, desperté temprano; pero HOY no me pude (o no me quise) levantar... ni física, ni moral, ni espiritualmente.

Hubiera querido encontrar fortaleza, consuelo y seguridad en mi diaria lectura de la Biblia, en mi meditación temprana, en mis oraciones.

Hubiera querido pronunciar solemnemente la declaración de SOLO POR HOY, y que hubiese surtido efecto la oración de la SERENIDAD... pero no supe como.

Entonces, en afán de consuelo, he decidido escribir.

Escribir para decirle a Dios que me siento triste, que me siento solo, que añoro la calidez de un abrazo y la ternura de un beso.

Escribir porque necesito saber que vivo; que soy...

Escribir porque el dolor que creía superado se ha desencadenado nuevamente sin control. Porque amo profundamente. Porque amar y crecer duele. Porque desprenderse y empezar de nuevo es tan difícil como aferrarse a donde no hay de que, pero enfrentándose a lo desconocido.

Y entonces me pregunto ¿acaso alguien me recuerda a veces? y ¿a alguien le interesa?
Necesito saber que sí. Necesito un ancla que me permita asirme al mundo real...

¡Estoy seguro que sí!

Pues yo también les recuerdo. Todavía viven en mí. Solo que al cabo de los años y la distancia muchos se han convertido en extraños de ahora, ilusiones difusas de vivencias distorsionadas.

¿Alguien se ha cuestionado (como yo) sobre las posibles diferencias en los recuerdos que nos unen? ¿Será verdad todo como lo sentí? ¿O acaso es que ahora pienso que así fue?

¿Mi propia imagen, será acaso parecida a la que alguien guarda de mí? ¿Y la relación que yo atesoro acaso produzca malestar en alguien más?

No importa, pues he decidido escribir para dar significado a mi vida a través de lo que ustedes me han aportado.

Y tal vez, si acaso, trascender en ustedes para no morir... todavía no!!!

En esta carta declaré mi independencia de aquello que no puedo controlar, ratifiqué la convicción de conquistar mis propias actitudes, y renuncié a sentirme vencido por la desesperanza.

La decisión razonada luchó arduamente con el impulso emocional, pero ninguno de los dos venció ni fue vencido. Ambos fueron conquistados y reclutados por algo muy superior… Ojalá que tú también lo encuentres.

 
Afectividad