Por: Mtra. Rosario Alfaro Martínez
El matrimonio, no es para la mujer una forma de esclavitud moderna, sino una manera de relación interpersonal que le permita su realización personal. Por eso se necesita ser un nuevo tipo de esposa.
Generalmente cuando pensamos en la palabra esposas, lo primero que nos viene a la mente es ese objeto de metal que usan los policías, formado por dos aros y que sirve para inmovilizar y sujetar las manos de los detenidos o prisioneros.
Desgraciadamente algunos y algunas también, piensan que el ser esposo o esposa de alguien, tiene el mismo significado y que se trata de atar a la otra persona a tu vida para inmovilizarlo totalmente y privarlo de su libertad. Haciendo que la otra persona sea lo que tú esperas que sea y no quien realmente es. Pero cuando se ve así, una también termina paralizada y convirtiéndose en una sombra.
Durante muchos años se ha pensado que la mujer debe de estar “atada” a su marido; y en ocasiones incluso peor que si fuera un prisionero, en algunas culturas incluso, hasta se le ha visto como si fuera una esclava sin la capacidad de tomar ninguna decisión importante.
Cuando los católicos hablamos de matrimonio e incluso afirmamos que es un sacramento, (es decir, consideramos que la alianza entre hombre y mujer, es un signo de la Alianza que tiene Cristo con la Iglesia), y que por lo tanto ayuda para lograr la santidad, razón por la cual está llamado a lograr la unidad y la indisolubilidad, y a dar un testimonio de amor al mundo. No pensamos que sea un signo de dependencia enferma o de esclavitud moderna. El problema es que por no entender adecuadamente estas características (unidad, indisolubilidad y amor); muchos piensan que el matrimonio es una especie de contrato de compra - venta recíproca en donde uno queda atado a otro, como si cada uno perdiera su propia personalidad.
El reto para las mujeres y también para los hombres, pero como aquí nos referimos más a la mujer, hablaremos más de ella; es ser un nuevo modelo de esposa, y para esto es necesario ir a los orígenes, ir a la esencia de lo que se esperaba que fuera una esposa.
En la Biblia, se da un trato de igualdad entre los esposos, San Pablo dice, hablando del matrimonio:
"Sean sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo: las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo. Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada". Efesios 5, 21-27
Este texto ha suscitado muchos problemas a lo largo de la historia, por no entenderse la palabra sumisión, pensando que significa ser inferior o de segunda, o que se deja manejar por otro. Es verdad que la palabra sumisión en español, significa eso, pero en la Biblia la palabra Sumisión viene de la palabra griega HUPOTASSO, que significa literalmente dejarse cuidar, dejarse conducir o dejar que te sujeten, es decir, es una actitud voluntaria de ceder, cooperar y permitir que otros nos guíen, aconsejen o nos cuiden, sujeción es como cuando alguien nos toma de la mano para que nuestro pie no tropiece, eso significa bíblicamente, por lo tanto, no tiene nada que ver con control o con poderes jerárquicos, cuando tú tomas a alguien de la mano, es porque está a tu lado. Es sencillamente una actitud de apertura a los demás.
Bíblicamente hablando lo que Dios pide, es que una mujer se deje cuidar por su marido. En ocasiones las mujeres nos quejamos de que los hombres ya no son caballerosos, que no nos den el paso, nos abran la puerta, que estén al pendiente de nuestras necesidades. Lo que la Biblia dice es justamente eso: ¡DÉJATE CUIDAR! Porque aunque todas las mujeres deseamos que nos den atenciones, lo real es que nos cuesta mucho trabajo dejar que eso ocurra y a veces las responsables de que ya no sean caballerosos los señores, es nuestra.
Otra connotación que tiene este texto es el saber pedir ayuda, muchas mujeres quieren que se les adivine el pensamiento y creen que si alguien las ama, debería de saber que es lo que necesitan y quieren; y piensan que si su marido no puede adivinar lo que ellas necesitan, es porque no tienen el suficiente amor para ellas.
Ser otro tipo de esposa, se refiere a eso, a que tú libremente decidas dejar que te cuiden, ser dócil y a aprender a pedir ayuda o aprender a pedir lo que necesites, sin esperar ser adivinada. Esto no es ser débil ni implica perder carácter, es simplemente que las decisiones que tomes de ahora en adelante, no son sólo tuyas, sino que son de pareja, es decir, que son de ayuda mutua, en palabras de la Biblia: “Sed sumisos los unos a los otros”. Efesios 5, 21. En otras palabras, que el matrimonio no es vivir dos personas juntas con vidas paralelas, sino dos personas que se brindan cuidado y protección, de forma recíproca, porque son lo suficientemente maduras para pedir ayuda y para dejarse ayudar.
No quiere decir tampoco, poner toda tu vida en las manos de tu marido, ¡NO!, eso sería entender el amor esponsal como las esposas que usan los policías y estar unido a alguien por miedo, por compromiso solamente, por que no hemos encontrado la llave para separarnos. Ser un nuevo tipo de esposa, significa dejarse amar, sin que el amor sea una prisión. Es amar en la libertad de ser hijos de Dios, sin desear que el otro se convierta en la fuente de mi felicidad, ni que sea un todo para mí, y sin caer tampoco en intentar que el otro dependa de mí en todos los sentidos. Es acompañar a alguien por el amor que le tenemos, respetando su dignidad de persona, sus ideas e ideales, sus sueños y anhelos, no queriendo hacer al otro a mi manera, sino dejando que Dios vaya trabajando con él a su ritmo.
El reto de la mujer actual es ser un nuevo tipo de esposa, esto es:
- Ser sumisa, sin que ello signifique ser dependiente.
- Pedir ayuda, sin esperar ser adivinada.
- Ser una ayuda adecuada, sin hacer todo por el otro.
- Ser una sola carne, sin perder la esencia personal.
- Poder reconocer tus necesidades afectivas, sin volverte abnegada y mártir.
- Y sobre todo aprender que el matrimonio es una interdependencia y no buscar cambiar a tu marido ni que él te cambie a ti.
Visto así se entiende porque Proverbios dice, hablando de la esposa: “Su marido confía plenamente en ella, pues no carecerá de nada. Le da beneficios sin pérdidas todos los días de su vida”. Proverbios 31, 11-12. Por que ser esposa no es ser un lastre, ni tampoco ser mártir abnegada, ni querer tener atado a alguien a la vida para que nos de identidad. Al contrario, ser una esposa es producir el bien y no el mal, y hacer que el mejor momento del día para tu esposo, sea para él: ¡la hora de regresar a casa!