Percepciones distorsionadas e inmaduras de entender la sexualidad en la vida consagrada

Por: ALMAS, A.C.

Elementos de inmadurez para una percepción distorcionada de la Sexualidad

 

Considerar a la sexualidad desde una postura espiritualista - angelical

La persona que percibe la sexualidad desde una perspectiva espiritualista y angelical la entiende dentro de una concepción dualista del hombre: materia y espíritu.  Siente vergüenza ante sus órganos genitales y características sexuales secundarias. Se angustia ante las reacciones sexuales naturales como la excitación experimentada ante estímulos de tipo afectivo (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

La experiencia sexual la considera como algo placentero, pero inconveniente para el hombre. La relación sexual la relaciona equivocadamente como pecado sexual.  Confunde el pensamiento inmoral con el pensamiento erótico y la mirada pecaminosa con la contemplación de realidades sexuales (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

La castidad la considera como la virtud angelical encerrando un desprecio por todo lo referente al sexo y una desconfianza fundamental por el cuerpo. Presenta a la castidad como insensibilidad o inapetencia sexual (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Considerar a la sexualidad desde una postura moralista

La persona que percibe la sexualidad desde una perspectiva moralista rechaza toda desviación sexual por motivos extrínsecos. “está prohibido”, “me condenaré”, “tengo miedo”, “puedo contagiarme”, etc. La persona cree que las faltas sexuales lo son por estar prohibidas. De tal manera que quitada la prohibición dejarían de ser malas. Se insiste en la ley, en la prohibición, en lo vergonzoso, haciendo así que el impulso sexual se exacerbe violentamente. Se vive permanentemente con angustia, miedo, vergüenza, temor a enfermar o a condenarse, temor al castigo de Dios, etc. (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Considerar a la sexualidad como un tabú

La persona que percibe la sexualidad como un tabú la relaciona con lo prohibido, lo oculto, lo amenazante y lo sacro. Conlleva la idea de un castigo automático por la violación de un precepto divino. Al mismo tiempo que suscita admiración y fuerte curiosidad por conocer la realidad vedada, genera en el sujeto un sentimiento de miedo y de angustia, de acusación interior y de remordimiento (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Considerar al sexo como tabú suele conducir a un rigorismo moral condenatorio y exacerbante. La intimidad corporal y la fuente de la vida asumen características que rozan con la brujería, la hechicería y los rituales mágicos (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Considerar a la sexualidad sólo desde su biología

La persona que percibe la sexualidad humana sólo desde su biología la  reduce a lo corporal. Esto conduce a una moral sexual autoritaria, jurídica, cerrada, absoluta e inmutable para todos y para siempre. No considera las diferencias socio-culturales y sus condicionamientos. Ignora los aportes de las ciencias y de las nuevas investigaciones en el campo sexual-genético (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

 

Elementos de madurez para una percepción sana de la sexualidad

 

Frente a la postura espiritualista-angelista

La sexualidad no disminuye la espiritualidad del hombre. Además de que la sexualidad presenta una instancia biológica, también en ella están insertas otras instancias: psicológica (es una fuerza constructora del Yo);  social (es un factor de socialización, tiene un dinamismo de apertura al tú); filosófica (configura la existencia humana); teológica (la realidad sexual es obra del Creador y todo el cuerpo es el Templo del Espíritu (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Frente a la postura moralista

Las faltas sexuales deben excluirse por motivos intrínsecos, es decir, estas faltas están prohibidas porque en sí mismas son malas. Son malas independientemente de cualquier prohibición. Son malas por impedir el crecimiento y la maduración del hombre, que se realiza y crece en su sexualidad orientada al amor, a la comunidad y a la vida. Están prohibidas por deteriorar al hombre, por no ubicarse en un contexto de amor, de compromiso, de fecundidad, de diálogo y de donación interpersonal. Lo malo sexual lo es por enclaustrar al hombre acentuando su egocentrismo, su individualismo, manteniéndolo así en una fase de inmadurez (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Frente a considerar la sexualidad como tabú

La sexualidad siempre despierta una fuerte atracción de conocimiento y de experiencia, pero también responde a satisfacciones personales de gozo, paz y contemplación. El sexo no está llamado a generar vergüenza o represión, sino alegría, respeto, entrega y éxtasis (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).

 

Frente a la reducción de la sexualidad a lo biológico

La tensión sexual no impulsa solamente a la genitalidad y erotismo del otro (biologismo), sino a la persona total del otro. El encuentro con el otro es parte esencial y constructiva de la persona y no un simple instrumento de satisfacciones personales (Gastaldi, I., S.D.B. & Perelló, J., 1989).


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