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Por: Dra. Elena Zierold
Centro de Psicoterapia Integral y Orientación Familiar A L L I A N C E cenalliance@prodigy.net.mx ¿Cuántas veces hemos escuchado decir que no nos enseñaron a ser padres?
¿Cuántas veces hemos escuchado a los niños o adolescentes decir cuando son regañados o castigados que ellos van a ser diferentes con sus hijos?
La repuesta a esas preguntas es: La repetición
Cuando platicamos con nuestros hermanos, amigos, alumnos sobre sus gustos por ejemplo, en relación a la comida generalmente nos hablan de las cosas que les gustan y son alimentos a los que están acostumbrados desde niños, la mayoría de ellos asociados a celebraciones especiales y muy a menudo lo que hacia la abuela o la mamá.
Así sucede con otros hábitos, costumbres, manera de ser, todo es aprendido desde chicos y por eso cuando se nos presenta una situación fácil o difícil por primera vez tendemos a reaccionar tal y como aprendimos.
Es como si a través de las generaciones, las familias siguieran los papeles de una obra de teatro, a cada uno le toca un rol “X” y las generaciones subsiguientes se aprenden el papel “X” que les toca ya sea el de papá, o de mamá, o hijo, etc.
Por ejemplo a veces como adultos nos sorprendemos repitiendo las mismas palabras que escuchamos decir a nuestra mamá cuando éramos chicos. A veces ni siquiera nos damos cuenta de que estamos repitiendo.
A eso me refiero con la respuesta que di a las dos preguntas con que inicié este escrito, es decir, la repetición.
Ese tipo de conductas las repetimos sin darnos cuenta, por eso cuando decimos no nos enseñaron a ser padres o voy a ser diferente a mis papás es sólo la expresión de un deseo, pero en la realidad, solo analizando por qué nos comportamos como lo hacemos podremos hacer realidad nuestros deseos y dejar de repetir.
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