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El ciclo vital de la familia (el encuentro)
Por: Mtro. Ricardo Romeo Ramírez S.
Centro de Psicoterapia Integral y Orientación Familiar A L L I A N C E
cenalliance@prodigy.net.mx
Aún cuando “el encuentro físico” entre dos personas se da con anterioridad al “encuentro emocional” entre las mismas, no es sino hasta que se da este último cuando verdaderamente empieza la pareja. Cuantas familias no conocemos que tienen muchos años de matrimonio, pero no se han “encontrado” realmente.
Podríamos decir que ambos necesitan adaptarse al matrimonio: adaptarse a la personalidad del otro para facilitar la interrelación; adaptarse a los roles que cada uno habrá de desempeñar; adaptar sus antiguos patrones de conducta familiar, aprendidos en sus respectivas familias de origen, a la nueva relación de pareja; y por último, conseguir una unión sexual que satisfaga las necesidades eróticas de ambos.
Hasta los matrimonios más ajustados encuentran dificultades para adaptarse a la nueva vida que se presenta en el matrimonio.
Aprender el rol de cónyuge no es de ninguna manera una tarea sencilla. Requiere de ambos el deseo de renunciar a las ganancias emocionales que proporcionaba el ser hijo, o el ser solo pretendiente, para convertirse cada quien en el pilar de una nueva familia, por cierto, papel totalmente nuevo para ambos; ser esposo o esposa por primera vez, es una situación desconocida de la cual no sabemos nada, (solo lo que vimos en los padres). La verdad es que sintonizarse emocionalmente con un desconocido requiere de un gran valor y de una gran capacidad para limitar las propias necesidades en beneficio de una relación que empieza.
La calidad del matrimonio o de la unión, depende en gran parte del grado de satisfacción y complementariedad que se le puedan dar a las expectativas de cada uno de los cónyuges, expectativas que abarcan todas aquellas necesidades y deseos que se esperan satisfacer a través del matrimonio, pudiendo ser estas necesidades de dos diferentes tipos: saludables y realistas o neuróticas y conflictivas.
Es en esta etapa donde se consolidan las bases de lo que podríamos denominar el CONTRATO MATRIMONIAL. A nadie se le ocurre pensar que algo tan sublime y romántico como el matrimonio o la unión de una pareja donde solo el amor y la pasión deben existir como elementos principales requieran de algo tan materializado y prosaico como un contrato, y sin embargo, todas y cada una de las parejas que conocemos funcionan bajo las reglas de un contrato matrimonial, las más de las veces sin que este haya sido verbalizado por ninguna de las partes. ¿Qué significa esto?, significa que desde el noviazgo, cada uno de los novios aporta un sin número de creencias, planes, deseos, fantasías y necesidades, algunas de las cuales son verbalizadas y comunicadas al compañero, pero la gran mayoría de ellas no lo son, ya sea por vergüenza, por temor, o por que son inconscientes.
Esta es pues, una etapa de ajustes y reacomodos, de planes y de realizaciones, de altibajos emocionales, de qué tan bien se de este “encuentro” dependerá la facilidad o dificultad con que se vivirán las siguientes etapas y muchas son las parejas que no son capaces de alcanzar los mínimos logros necesarios de esta etapa, y que ven precipitada la “muerte” de su incipiente familia acabando en un divorcio, una separación, o en un “divorcio emocional”, entendiendo por esto último, la vida de pareja, inclusive por muchos años, pero sin un proyecto en común que gratifique y satisfaga a ambos, que permita cada vez una mejor unión, y que no caiga en la rutina y la monotonía.
Por el contrario, si el encuentro se da favorablemente, podrá esperarse con gran satisfacción e ilusión la llegada de los hijos, etapa de la que platicaremos en el siguiente número.
Bibliografía
EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA; Lauro Estrada Inda; Edit. Posada, 3a. ed., México, 1989.
LA PERSONA. Su desarrollo a través del ciclo vital; Theodore Lidz; Edit. Herder, 3a. ed., Barcelona, España, 1985.
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