Por: Mtro. Ricardo Romeo Ramírez S.
Centro de Psicoterapia Integral y Orientación Familiar A L L I A N C E cenalliance@prodigy.net.mx
Aquella familia que después de múltiples vicisitudes ha logrado constituirse y ha tenido hijos, inevitablemente tendrá que llegar a cuando estos últimos acceden a la adolescencia, período por demás satanizado y temido. El o ella, el niño o la niña, iniciaran este período cuando lleguen a la pubertad, esa parte de la adolescencia que se caracteriza por todos aquellos cambios hormonales y físicos que habrán de modificar ese cuerpo, hasta ese momento infantil, en un cuerpo adulto, con todas las capacidades que este mismo tiene, incluida la reproducción. Todos estos cambios --aún cuando haya información proporcionada por la escuela, la familia o los amigos-- son vividos por el adolescente en una forma ambivalente, es decir, por un lado con temor e incertidumbre y por el otro con esperanza e ilusión. Su cuerpo cambia vertiginosa e irregularmente; sus gustos, sus estados de ánimo, sus sentimientos, sus pensamientos se ven modificados y esto tiene repercusiones en su propia percepción, y lo que es más importante, en la percepción que otros tienen de él.
Dentro de los cambios que en el orden de lo fisiológico ocurren podemos mencionar los cambios en la voz, la aparición de vello axilar, púbico y además facial en el caso del hombre; el ensanchamiento de las caderas y el crecimiento del busto en la mujer, además de un evento de primordial importancia para cada uno de los sexos, la Menarca, o primera menstruación de la adolescente, y la primera eyaculación o polución en el caso del adolescente.
Durante los seis o siete años anteriores a estos eventos, el interés de estos jovencitos ha estado centrado primordialmente en el estudio, en el juego y en la convivencia familiar, pero poco a poco han ido adquiriendo cierta independencia de la familia, que los debe de ir preparando para el logro de la seguridad y autonomía necesarias para en un futuro ya no tan lejano, alejarse y formar su propia vida.
Una familia con uno o varios hijos adolescentes se enfrenta al grave problema de permitir independencia, sin que se caiga en el libertinaje; de propiciar la comunicación, sin ser entrometido; de establecer reglas en y para el hogar, sin caer en la rigidez; de permitir la experimentación sin poner en peligro la integridad; y tantos etcéteras que no cabrían en esta hoja. Es por ello que los padres y con ellos toda la familia, también deberían de sufrir una serie de cambios y modificaciones a la par que el adolescente.
Esta es una época de crisis y de cambios, de experimentación y de definición, tanto para los hijos adolescentes como para los padres; período que en la sociedad occidental e industrializada se ha ido poco a poco alargando, y si hace algún tiempo podíamos considerarlo comprendido entre los 12 y los 17 ó 18 años, en la actualidad vemos a muchos jóvenes que pasan de los 20 años que aún son adolescentes, ya sea porque todavía no resuelven los dilemas propios de esta etapa, ya sea porque aún dependen grandemente de su familia pues continúan dedicados primordialmente al estudio.
Las cosas para la familia se complican cuando tienen hijos en diferentes etapas del desarrollo, es decir hijos adolescentes e hijos pequeños, en virtud de las diferentes necesidades emocionales, de atención, de supervisión, de afecto, e inclusive económicas, que cada uno de ellos requiere. Los padres se ven en la imperiosa necesidad de ser flexibles, de tratar de conciliar intereses, de estar al tanto de las diferencias y hacer el intento de quedar bien con todos, intentos que no siempre fructifican y se convierten en motivo de conflicto.
La llegada de los hijos a la adolescencia reactiva sin que nos demos cuenta nuestra propia adolescencia, es posible que recordemos muchos de los pasajes de la misma, pero difícilmente alcanzamos a utilizar esa experiencia y sentimientos para entender el grave conflicto que se gesta en el interior de ese hijo nuestro, los sentimientos tan encontrados que conviven en su corazón, amor y odio a la vez, devaluación y admiración al mismo tiempo, deseo de independencia pero también de no ser abandonado. Él esta en busca de una identidad en todos los terrenos: una identidad sexual, una identidad vocacional, y por ende laboral, una identidad política, una espiritual o religiosa, otra social. De ahí sus intentos por experimentar y de probar, de intentar y equivocarse, aunado a ello la gran omnipotencia y narcisismo que acompaña a este período los puede hacer fácil presa de muchos peligros.
Esta adolescencia también nos pone ante la evidencia de que nuestros hijos están creciendo, que muy pronto serán adultos y de que próximamente partirán para formar su propia familia, y cuando ese momento llegue ¿qué pasará con la pareja?, una vez que los hijos hayan partido, ¿habrá la posibilidad de un reencuentro a aquella etapa en que solo eran dos?
Bibliografía
EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA; Lauro Estrada Inda; Edit. Posada, 3a. ed., México, 1989.
LA PERSONA. Su desarrollo a través del ciclo vital; Theodore Lidz; Edit. Herder, 3a. ed., Barcelona, España, 1985.