El ciclo vital de la familia (el re – encuentro)

Por: Mtro. Ricardo Romeo Ramírez S.

Centro de Psicoterapia Integral y Orientación Familiar A L L I A N C E cenalliance@prodigy.net.mx     

Poco a poco los hijos adolescentes van creciendo, y junto con ellos va creciendo también la necesidad de ser independientes, de ser autosuficientes, de empezar su propio desprendimiento, así como los padres lo fueron haciendo con su propia familia. Es aquí donde el ciclo vital de la familia toma dos caminos: por un lado el joven adulto que inicia su propio ciclo, que comienza con  la búsqueda de una pareja, para ir transitando poco a poco por cada una de las etapas que anteriormente ya mencionamos, pero que volvemos a repetir: el desprendimiento. el encuentro, la llegada de los hijos,  el crecimiento y la adolescencia de los mismos, etc.; mientras que los padres van viendo como “el nido se queda vacío”, como los hijos, empiezan a hacer su vida sin necesitar tanto ya del apoyo económico, emocional o moral que antaño les era tan  imprescindible, a unos dar y a otros recibir. Esta fase coincide además con la declinación física y con una serie de cambios sociales y familiares entre los que podemos citar:

  • La necesidad de admitir y hacer lugar a nuevos miembros (cónyuges de sus hijos) en la familia.
  • El nacimiento de los nietos.
  • La muerte de la generación anterior (padres, tíos).
  • La jubilación.
  • La declinación en la capacidad física, que va acompañada casi siempre de quejas en uno mismo y en el compañero, así como de la aparición  de las enfermedades.
  • El conflicto con las nuevas generaciones.
  • El problema económico de los hijos que inician una nueva familia.
  • La necesidad de explorar nuevos caminos y horizontes...
  • La necesidad de independizarse de hijos y nietos para otra vez formar una pareja.

Este período guarda grandes similitudes, con el del encuentro, sobre el que ya hablamos anteriormente, sobre todo en lo que se refiere a la adaptación, pues la pareja se ha acostumbrado tanto a su rol paterno (“sacar adelante a los hijos”), que ha dejado en un segundo plano su relación conyugal. De hecho, las características con que se vivirá este “re-encuentro” dependerá de como se haya dado el “encuentro” en el inicio de la formación de la familia. Puede que desde tiempo atrás se haya dado lo que nombrábamos como “divorcio emocional”, y si lo único que se tenía ya en común eran los hijos, y estos empiezan a hacer su vida independiente, es posible que se abra aún más la distancia tanto física como afectiva que ha separado a la pareja.

Por el contrario, si aquel primer encuentro se dio sobre bases saludables y realistas, tratando de satisfacer equitativamente las necesidades de ambos; si existió la comunicación suficiente; si se tuvo la flexibilidad para irse adaptando a los cambios que imponía cada una de las etapas por las que iba atravesando el ciclo vital de su familia; si se ve la partida de los hijos como la satisfacción de una misión cumplida, más que como abandono, entonces es posible que la pareja se reencuentre y que se hagan las modificaciones necesarias al “contrato matrimonial” a fin de enfrentar unidos el pasaje de la edad madura hacia la vejez, la declinación de las capacidades físicas de ambos, los “achaques” propios de la edad, el mayor tiempo de convivencia que van atener a partir de la jubilación y la partida de muchos seres queridos.

Todo esto no quiere decir que el re-encuentro signifique separarse y olvidarse de los hijos y de los nietos, y menos en una sociedad como la nuestra, por el contrario, es apoyarse mutuamente, pero con respeto y con límites. Esta “época de inventario” como la describe Theodore Lidz, debería de ser “...la edad de la plenitud, la edad en que se obtiene el fruto de muchos esfuerzos. Es en otoño cuando se cosecha el fruto, y los colores son brillantes, pero suaves”, por lo mismo, para cosechar, habrá primero que sembrar, la pregunta obligada aquí es: ¿Cómo estamos nosotros sembrando?

Bibliografía

EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA; Lauro Estrada Inda; Edit. Posada, 3a. ed., México, 1989.

LA PERSONA. Su desarrollo a través del ciclo vital; Theodore Lidz; Edit. Herder, 3a. ed., Barcelona, España, 1985.


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