El ciclo vital de la familia (La vejez y la muerte)

Por: Mtro. Ricardo Romeo Ramírez S.

Así como a todo organismo le toca llegar a su plenitud, la familia que en un determinado momento se formó, poco a poco le llega también el momento de su declinación y de su muerte. Los hijos uno a uno han ido formando sus propias familias y los ahora abuelos pueden verse como una gran ayuda o como un gran estorbo.

Se considera, de una manera arbitraria, que la vejez empieza hacia los sesenta y cinco años, edad de retiro para la mayoría de los hombres. La jubilación puede significar una bien merecida cesación del trabajo que permite al individuo disfrutar de los años de declinación o puede significar simplemente ser descartado del trabajo porque se considera al individuo como inútil para la producción y para la sociedad. La diferencia estriba principalmente en que la resolución haya sido activa, diciendo “me retiro”, o haya sido pasiva y se tome como “me retiran”.

En muchos de los problemas propios de las personas de edad está implicada esta dicotomía entre un período de la vida dignificado, libre de preocupaciones y prisas, y una supervivencia hueca, en la que el sujeto se siente como un estorbo, una carga sin utilidad. Los problemas que aparecen con el retiro, al encararse con el final de la vida y la aparición de afecciones físicas y mentales, se combinan con lo poco que hace la sociedad para con las personas de edad, agravando aún más las dificultades que experimentan las personas de la tercera edad. Se ha hablado mucho en favor de los ancianos y hasta se han inventados eufemismos como los de “personas mayores” y “edad de oro”, pero lo cierto es que, apenas si se empieza ahora a hacer posible, para una pequeña minoría de personas, vivir estos penúltimos años de la vida con un mínimo de seguridad, independencia y dignidad.

El viejo está tan vivo como cualquiera y siente y se entristece por el acerbo rechazo del que es víctima. Es mucho más fácil criticar o tratar de corregir a un viejo que aceptarlo como parte de uno mismo, una parte desconocida pero cierta. Una familia sin viejos es una familia sin complemento histórico, una familia mutilada.

En todos nosotros, en mayor o en menor grado, existe el temor de llegar a viejos, casi tan fuete como el temor de no vivir lo suficiente para llegar a serlo.

Pocos son en realidad quienes aprecian las arduas batallas de los viejos para adaptarse a la pérdida y retos de la edad presente; la búsqueda de una nueva identidad, de una compañía que produzca placer, así como de una experiencia significativa y genuina.

Uno de los problemas que frecuentemente se encuentra es aquél de dos esposos ya viejos, cuando el es jubilado y regresa a su casa, esta vez regresa para siempre, e invade los terrenos que antes sólo fueron el dominio de su esposa. Parece imposible, para el que desconoce esta etapa, que este simple hecho represente una situación amenazante a la individualidad y a la diferenciación de ambos. Esta situación sólo puede ser aliviada mediante el límite claro de los espacios en donde cada quien pueda funcionar independientemente. De lo contrario existe el peligro que se lleguen a perder la estima y el respeto y aparezcan la ansiedad, la tensión y los estados depresivos.

Otra problemática que se presenta en las parejas de viejos, es aquella en la que los mismos hijos no les permiten una intimidad adecuada.

Frecuentemente se establece una sobreprotección de hijos a padres en donde no se les permite vivir en libertad. Bajo pretexto de cuidarlos, se cuelgan de ellos, imponiéndoles cargas emocionales muy fuertes. El viejo así muchas veces se siente aprisionado y puede desarrollar estados depresivos.

Cada vez está más cercano el tema de la muerte. La muerte forma parte del ciclo de la vida; es el inevitable resultado de la vida que cierra la historia de una vida. Y como el hombre sabe ya desde niño que acabará muriendo, la muerte influye profundamente en su desarrollo y en su forma de vida.

La actitud de una persona frente a la muerte se modifica generalmente con la edad. Para el anciano, la muerte se convierte en familiar. Adquiere gran experiencia en cuestión de fallecimientos; sabe que también le llegará a él e incluso la espera. Tener un compañero, un esposo, hasta el final, tal vez sea una de las formas en que el trágico y complejo asunto del vivir encuentre, sino la razón y la lógica, por lo menos la esperanza.

“¡Un hombre en forma natural ama a sus hijos, pero un hombre culto ama a sus padres!” “El árbol desea reposar, pero el viento nunca para. El hijo desea servir, pero sus padres se han ido” (Lin Yutang).


EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA; Lauro Estrada Inda; Edit. Posada, 3a. ed., México, 1989.

LA PERSONA. Su desarrollo a través del ciclo vital; Theodore Lidz; Edit. Herder, 3a. ed., Barcelona, España, 1985.

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