El Acompañamiento en la vida sacerdotal y religiosa

Por: Rosario Alfaro Martínez

¿Alguna vez te has preguntado por qué es importante el acompañamiento en la vida sacerdotal, religiosa, y en la experiencia de todo cristiano?

Para abordar este tema partiremos de la “teoría del vínculo”, que concibe al ser humano como un ser de encuentro, que ha aprendido a relacionarse, a crecer, y a ser quien es por el encuentro con otros y que, al final de su vida, busca el encuentro definitivo con “El Otro” (con Dios).

Desde esta perspectiva, se podría definir al acompañamiento como la forma en la que una persona puede reparar o restaurar los daños en las relaciones interpersonales que ha sufrido a lo largo de su historia y, sobre todo, el medio por el cual puede aprender a relacionarse con los demás de manera distinta.

Cada uno de nosotros aprendimos a relacionarnos según la forma en la que se nos miró, cargó, alimentó y cuidó siendo pequeños, esto es, por la manera en la que nos sentimos amados y aceptados durante nuestras primeras relaciones. Pero es una realidad que este aprendizaje no tuvo a los maestros mejor capacitados e idóneos, ya que nuestros padres no pudieron, en muchas ocasiones, envestirnos adecuadamente para esta tarea.

El acompañamiento implica caminar bajo la mirada de una persona que no juzga, que no aconseja, que no impone un deber ser, que no corrige nuestra historia y que, sin embargo, por medio del proceso y de la escucha activa que realiza, ayuda a reparar todos aquellos espacios vacíos del Yo que se han quedado en nuestra persona, y nos ayuda a salir adelante con los recursos que tenemos.

Es por ello que, siguiendo la teoría del vínculo, podemos afirmar que la vocación cristiana, y en particular la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa, implican un llamado a la comunión; a proyectarse desde una vida interior plena hacia una vida de servicio y de entrega a los demás. Esta es la razón por la cual los religiosos(as), y en especial los sacerdotes, son llamados a ser maestros en las relaciones interpersonales, y de esta manera poder establecer un equilibrio entre la vida interior, la comunidad y la tarea apostólica.

Hoy por hoy, en la sociedad activista en la que vivimos, damos poca importancia a los momentos de relación. Huimos de los demás no sólo a través de actividades nocivas, como las drogas o el alcohol, sino también mediante actividades en apariencia más sanas, como el trabajo, el estudio, el apostolado, la misión… pero que resultan igualmente evasivas. La vida sacerdotal y religiosa no escapan a esta realidad, sobre todo cuando sus miembros no han recibido de sus familias de origen las herramientas adecuadas para establecer buenas relaciones interpersonales.

Es frecuente encontrar sacerdotes y religiosos(as) que trabajan hasta el cansancio, que están dispuestos a ir de misión a los lugares más remotos, pero que no son capaces de salir de sí mismos para encontrarse con los que viven en su propia casa. Esta situación los deja vulnerables, ya que muchas veces, aunque vivan en comunidad, se convierten en islas solitarias y, muy probablemente, una persona religiosa que no ha aprendido a relacionarse a nivel humano, tampoco podrá hacerlo con su comunidad, y mucho menos con Dios.

Es por esta razón que el acompañamiento se plantea como una necesidad imperante para que las personas puedan, de una forma constructiva, encontrarse consigo mismos, con su comunidad, y con Dios, ya que solamente con la ayuda de “otro”, podremos encontrarnos a nosotros mismos.

Si te interesa conocer más acerca de este tema, asiste a nuestro próximo curso de Acompañamiento 1ª parte: «Una ayuda para los que más ayudan», que se llevará a cabo en nuestras oficinas del 13 al 17 de Abril del 2009. Para mayores informes…

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