La muerte de un hijo y sus repercusiones familiares

Por: Eugenia Ponce de León Álvarez

“Hay palabras como viudo o viuda que designan a aquel que sobrevive a un cónyuge; o huérfano, a quien ha perdido tempranamente un padre. Sin embargo, no existe nominación alguna para quien ha sobrevivido a un hijo”.

(Roitman, Armus y Szwarc, 2002)


Dentro de todas aquellas personas que experimentan una pérdida, el hecho de perder a un hijo, sin importar la edad de éste ni las condiciones en que se dé, se caracteriza por su complejidad y el gran dolor que produce en los padres sobrevivientes.

Este tipo de pérdida es considerada como avasallante y origen de la desunión y hasta destrucción del vínculo matrimonial e incluso familiar.

Muchos autores han hablado sobre la pérdida desde el punto de vista psicológico, sin embargo, las implicaciones de la muerte de un hijo no pueden considerarse abundantes. Imagino que esto puede deberse a la angustia resultante de un tema tan difícil pues se espera siempre que un hijo sobreviva a sus padres y pocas veces se considera la posibilidad de que ocurra lo contrario.

La muerte de un hijo produce una abrupta ruptura en la realidad de las personas y de lo “debería ser” hablando de la “continuidad generacional”. Cuando ocurre la muerte de un hijo se desgarra la vida porque definitivamente no “debía ser así”. No se puede aceptar haber sido padre y de pronto dejar de ser padre de ese hijo. La persona sobreviviente se da cuenta de que el otro ha muerto, ya no está, pero en realidad duele y cuesta mucho trabajo aceptarlo ya que se resiste a hacerlo para sentir por un momento más que su hijo no ha muerto por lo que se vale de la negación para sentir que su hijo sigue con vida. Al final generalmente se admite la realidad pero en el proceso, la existencia del hijo se mantiene en la mente del padre. (Nasio, 2007).

En mi opinión, en estos casos la existencia del hijo siempre queda inscrita en la mente del padre pues debemos considerar que a un hijo no es a una persona que se le conoce de pronto como al resto de la gente, a un hijo se le da un espacio en la mente y en el corazón desde que los padres planean la concepción y así darle la existencia.

Muchos padres que se enfrentan a la muerte de un hijo refieren que en numeradas ocasiones pensaron en: “tenía en mente como sería el bautizo de mi hija, incluso podía imaginar como le haría las fiestas de cumpleaños, lo que nunca pensé fue como sería su funeral” esto por que básicamente los seres humanos cuando vivimos dejamos a la muerte a un lado y la muerte es ajena, solo se hace real cuando ocurre en nuestras vidas y lo que más asusta es que se aparece sin pedir permiso e irrumpe en la vida de todos nosotros, pero la muerte aunque no la veamos siempre nos acompaña y esta presente.
Hay mucha nostalgia, es una mezcla de dolor, amor y goce. Se sufre la ausencia del otro y se goza ofreciéndole el dolor. El seguir sufriendo es un intento de mantener a este hijo vivo. El impacto que se da en las familias por la muerte de un hijo llega a consecuencias donde hay destrucción de vínculos de pareja, de familia o si permanecen juntos, el lazo que los une es la tristeza y añoranza por su hijo, hay muy pocos casos donde una pérdida así se llegue a superar, requiere de un trabajo sólido y profundo por parte de la pareja, ya que un hijo es el resultado de una unión, es un símbolo de la conjunción de 2 personas, es la muestra viviente de que una pareja ha estado íntimamente ligada. De ahí que creo que cuando este símbolo deja de ser viviente aparece un vacío y no sólo muere algo dentro de cada uno de sus padres, sino que también la muerte marca el lazo que hay entre ellos. (Roitman, Armus y Szwarc, 2002)

Me parece que aún haciendo un tratado completo sobre la experiencia de perder a un hijo, no sería suficiente para alcanzar a comprender lo que viven estos padres, tal vez pueda aproximarme a lo que es su experiencia, entender lo que piensan y como les afecta pero cuando mencionan su soledad y su vacío, esto sigue resultando incomprensible pues soledad y vacío son palabras que cubren justamente esa falta pero esa falta seguirá haciéndose presente y que en realidad simplemente nos acerca a la esencia humana y que muchas veces no estamos dispuestos a ver y es que el amor duele y solo cuando duele se siente el miedo de perder a la persona amada.

Nasio, J. D. (2007) El dolor de amar. España: Gedisa.
Roitman A., Armus M. y Szwarc N. (2002) El duelo por la muerte de un hijo. Revista Aperturas.

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