Una mujer madre de Dios

Por: Paola Lanz Jiménez


Me preguntaba, cómo empezar hablar de la madre de Dios, cuando recordaba su imagen. De qué manera expresar lo que ella representa para todos los cristianos católicos. Cuando de pronto, me di cuenta que debía empezar por lo más sencillo, pues en su sencillez y humildad se fundamenta su vida; con una unión única con Dios. Ya que Dios se empequeñece, haciéndose hombre, teniendo madre al igual que tu y yo. Símbolo de la glorificación de la mujer en este mundo. Pues de una mujer ha nacido el Redentor, el hijo de Dios. Y gracias a ella Dios se nos manifiesta de una manera más cercana; tangible, real; entregándonos a María. Realmente un acto enternecedor pues ella se convertiría no sólo en la madre de Dios, sino en la madre de todos los católicos, acercándonos a ella a través de esa relación privilegiada que sólo una madre y un hijo pueden tener; de protección y sabiduría. Pues como toda buena madre, ella nos guía en nuestro propio camino.

Que privilegiados somos, que afortunados somos de tener en nuestra vida a ese ser que siempre nos escucha y que por su íntima comunión con su hijo, intercede por nosotros de una manera discreta, pero con mucha fe, esperanza y caridad. Siendo ella el vivo ejemplo de dichas virtudes cardinales.
María mueve nuestros corazones, sintiéndonos comprendidas, escuchadas y nunca olvidadas por Cristo que se manifiesta a través del amor de su madre. Sin que esto se quede en un vano sentimentalismo, ya que todo lo que recibimos, nos compromete a regresar dentro de nuestras posibilidades lo mismo que recibimos reconociendo siempre la grandeza de Dios.
Mujeres, retomemos los ejemplos que María nos enseñó a lo largo de su vida, su sencillez, su fortaleza, su serenidad ante las adversidades, sin dejar de lado lo humano... Retomemos nuevamente el valor que cada una tiene primero por ser hija de Dios y luego por ser mujer, enriquezcamos lo que nos fue dado viviendo de acuerdo a nuestra naturaleza dada, construyendo hogares con cimientos fuertes basados en la verdad, defendiendo el principal valor del cual descienden los demás, la vida; pues ser mujer como lo podemos ver en nuestra madre, la Virgen, implica vivir día a día para lograr con nuestros actos el pedestal, el impulso para poder alcanzar la verdadera plenitud y así un día regresar con Él Creador.






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La Mujer en la Biblia