Los tres compromisos de la pobreza, castidad y obediencia profesada

Por: Eduver Polanco Cruz

Para hacerse totalmente disponible en vivir la profesión religiosa el cristiano consagrado reajusta su relación fundamental al propio cuerpo y corazón, a la posesión de los bienes y a la propia autonomía con los votos de pobreza, castidad y obediencia.

• Especificidad de los tres consejos profesados

El Catecismo de la Iglesia ha definido los consejos separadamente:

a) Castidad: obligación de observar perfecta continencia en el celibato.
b) Pobreza: dependencia y limitación en el uso y disposición de bienes, conforme a la norma, propio del derecho de cada instituto.
c) Obediencia: someter la propia voluntad a los superiores legítimos.

El cristiano de vida consagrada se siente llamado a elegir como regla su compromiso religioso. Por el contrario, para el religioso estos tres instintos son ganancias:

• La necesidad conyugal de otro amor se convierte en amistad para todos
• El deseo de posesión de bienes es renunciado para abrirse a compartir
• El instinto de dominación en oferta de servicio ordenado

La profesión pública de los consejos por lo tanto no aleja al consagrado de los otros miembros de la Iglesia ni de los hombres del mundo. Constituye un elemento importante en su misión eclesial. Todo esto es posible con la condición de que la profesión religiosa no haya disminuido la humanidad del consagrado, sino todo lo contrario, la haya reforzado en el sentido de los valores de la nueva cultura y le haya hecho captar los tres consejos en la perspectiva del amor por Dios, los hermanos, la Iglesia y el mundo.

1. El celibato asumido con un corazón dilatado y con conciencia de su significado también humano.
2. Pobreza apoyada en el duro trabajo cotidiano.
3. Obediencia de persona libre y responsable.

La práctica de los consejos se puede convertir en ambigua y en signo ilegible: los consagrados estamos invitados a la vigilancia permanente.

Lo esencial y constitutivo de nuestro estilo de vida son los votos. La imitación de Cristo desde esta perspectiva tiene un sentido especial porque es a partir de la vivencia de los consejos evangélicos donde adquiere sentido la vida del consagrado.

Los consejos evangélicos representan el modelo de Cristo presente en el religioso que trata de cumplir fielmente su compromiso con Dios, la Iglesia y consigo mismo. Esta triple relación hace que la vida del consagrado alcance un sentido pleno y de mayor alcance que otra vocación pues es un llamado especial al que no todos están dispuestos a responder.

A partir del Concilio Vaticano II comienza toda una reflexión sobre la teología de los consejos evangélicos. Nos corresponde a nosotros profundizar en los compromisos asumidos desde la profesión temporal. Si somos conscientes de la grandeza de nuestra vocación, podemos asumir con libertad, responsabilidad y mucha generosidad nuestra entrega a Dios, la Iglesia y la Congregación, no guardándonos nada para nosotros, sino donando todo nuestro ser y actuar.

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