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El derecho a demostrar los sentimientos dentro de la vida consagrada
Por: Paola Lanz Jiménez
La vocación así como cada persona es única e irrepetible y por ello valiosísima. No podemos olvidar que cada acto en la vida de toda persona tiene una consecuencia no sólo para aquel que la realiza, sino para todos los que lo rodean, creando sentimientos, emociones, pensamientos etc. que nos llevan a tomar decisiones que van construyendo nuestra vida.
Todos los sentimientos y emociones que el hombre y la mujer pueden llegar a sentir, vivir o tener, son tan humanos como ellos mismos. Pues la vida está constituida de experiencias y conocimientos que nos producen una impresión agradable o desagradable en todo nuestro ser, integralmente en nuestras tres dimensiones biopsicosocial.
Por ello hay que resaltar la importancia de conocernos, pues solo así podremos reconocer nuestros sentimientos y emociones dándoles un sentido en nuestra vida y de esta manera evitar que se vuelvan un impedimento para nuestro desarrollo. El autoconocimiento, es el primer paso para dominar nuestro temperamento y educar nuestro carácter y de esta manera no culpar a los demás y a uno mismo de los diferentes sentimientos que experimentamos en nuestras vidas.
Es común que a veces la manifestación de sentimientos no es bien vista socialmente y en muchos de los casos tampoco en las diferentes comunidades religiosas a la que puedes pertenecer, como por ejemplo: (enojo, envidia, tristeza, desesperanza, odio etc.) Pues se podría creer que al ir en contra de una de las virtudes Teologales: la caridad, es inadmisible sentirlos, creando un verdadero dilema; primero en la persona (religiosa); quien al reprimir lo que siente genera en consecuencia una somatización; es decir un malestar del cuerpo como manifestación de lo que no se permite expresar.
Es por eso que sólo el consagrado (él o ella) tienen la capacidad y la decisión de expresar lo que está experimentando. Cabe resaltar, que la vida consagrada es una vocación de vida, donde el amor es la base; pero tampoco hay que olvidar que son seres humanos con defectos y virtudes, solo que con un plan de vida distinto; pero que lleva al mismo camino del cual procedemos, Dios y que este amigo y Padre Todopoderoso, ante todo es misericordioso y nos lo demostró en el hecho de decidir encarnarse siendo perfecto hombre, con el único fin de enseñarnos a vivir nuestra naturaleza caída, pero siempre resaltando el amor por los demás y el deseo fiel y entero de perdonar nuestros pecados para volver a la lucha de nuestra vida diaria con el único fin de alcanzar la santidad, la felicidad sin olvidarte de vivir tu humanidad plenamente.
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