Sentido de la vida consagrada

Por: Sem. Eduver Polanco Cruz

Leyendo algunos documentos sobre la vida religiosa me hize una pregunta ¿Si es verdad que a la vida religiosa, lo mismo que a la Iglesia, o al Estado, no le faltan problemas? y ¿pasa realmente por un momento crítico en su historia?, nada más lejos de la realidad el pensar que esta forma de seguimiento radical a Jesús vaya a desaparecer y esté dando señales de muerte; por más que algunos medios se empeñen en presentarla así, frente a otros movimientos de Iglesia. La vida religiosa está actualmente en periodo de gestación, y, siente dolores de parto; pero como en el desarrollo de la vida misma, no son dolores de muerte, sino presagios de alumbramiento de una nueva vida.

Así, hay lugares a los que llegan nuevas vocaciones. Se trata de jóvenes muy maduros, perfectamente encarnados en la cultura de hoy, que han seguido un camino de fe tal que la elección de la vida consagrada resulta para ellos la más apropiada cuando piensan vivir con radicalidad el Evangelio y hacer de su existencia un servicio para el bien de los más pobres. Hay lugares en los que estas vocaciones son abundantes.

También hoy siguen naciendo nuevos institutos religiosos, algunos de los cuales ofrecen originalidad a cuantos se acercan a ellos y al conjunto de la vida consagrada. Son nuevos retoños que aparecen sobre las ramas de las de las diversas formas de vida religiosa, señal evidente de que la vida religiosa no ha dejado de vivir su primavera. A su vez, están naciendo nuevas formas de vida consagrada, algunas aprobadas ya por la Iglesia y otras en espera de ser reconocidas y de que se confirme su validez: son grupos que antes no existían y cuyas diferencias las formas de vida religiosa existentes son mínimas o casi inexistentes.

Por otra parte, hay congregaciones que siguen un criterio muy concreto en su modo de funcionamiento. Cuando tienen necesidad de cerrar cualquier comunidad u obra, tratan de abrir una nueva; quieren continuar dando señales de vida y ser fieles al viejo principio por el cual la energía no se crea ni se destruye, sino se transforma. No aceptan derrotas. Este es el secreto para mantener en vida un grupo y alimentar la esperanza. La auténtica preocupación de la vida religiosa no es la supervivencia, ni la disminución de sus miembros, sino el mantener alto el nivel de la pasión misionera, llevando el Reino de Dios allí donde sea necesario.

Pero, tal vez, los cambios estructurales en la vida consagrada, sea la señal más elocuente de los cambios y la vida nueva que se advierten hoy en los institutos religiosos. Se han mejorado las estructuras y se podía hacer una larga lista de transformaciones, que están presentes en las distintas dimensiones de la vida consagrada: en la vida comunitaria, en la oración, en el modo de vivir la obediencia, en la misión. Se advierte que se ha ido más allá de una simple restauración.

En definitiva, las señales de ese nuevo alumbramiento están ahí: nuevas vocaciones, nuevos institutos y nuevas formas de vida consagrada, nuevas comunidades y nuevas obras, y profundos cambios estructurales. Sin intento de plagiar a algún político, no dudamos que la criatura que nazca podrá llamarse como se quiera, pero será hermosa, será una nueva forma de vida religiosa.

No es secreto para nadie que ya a finales del siglo pasado la vida consagrada ha comenzado a cuestionarse y lo hace muy sabiamente. Pues si es cierto que la sociedad ha venido teniendo grandes cambios, también es cierto que la vida consagrada ha venido cambiando.

Sobre todo los religiosos jóvenes que son frutos de los últimos años del siglo XX son los más afectados y en quienes está la responsabilidad de no dejar que la vida consagrada sucumba, sino que como hizo en otros tiempos, sepan responder y vivir según el mandato evangélico que bien fue asumido por los fundadores. Por eso es que se habla de refundación y revitalización. Está en nuestras manos que la vida religiosa camine con el mundo y lea en él el mensaje evangélico.

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